Rumor de humo y ceniza

Dedicatoria A un país de escombros. A una frontera de espejos rotos. A una geografía mutilada a mitad del desierto. A los corazones blandos en la boca de los [soldados del infierno. A los cazadores de sueños. A los misioneros del miedo. Al honor a media asta. A un desfile de banderas rotas. A un viacrucis que no acaba. A esa ciudad que es una casa inconclusa [que se incendia....

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Sesenta vueltas al Sol Carlos Acosta / Reynosa

Ha llegado la fecha. La vida o la muerte no opinaron lo contrario. Hoy cumplo sesenta años. Lo escribo con asombro real y no puedo evitar mirarme a los veintiuno en el cuarto de azotea del edificio de la calle Pitágoras, en medio de aquel universo de luces que a las once de la noche me parecía, desde la ventana, la Ciudad de México, pensado en que no iba a llegar más allá de los cuarenta. No es un artilugio...

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El libro del mes
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Sábado a las nueve. Diplomado en preceptiva literaria II - Árbol de luz

Diana Ketzaly, estudiante de doce años de edad; Maryan Manrique, quien cursa sexto semestre de preparatoria; Rosa María Martínez Macías, pintora y escritora; María Antonieta Villalón, licenciada en Literatura Española; Lucio Martínez Rentería, administrativo pensio­nado; Florián López Guerrero, reconocido muralista y Juan Mata González, maestro en yoga. Fueron los siete integrantes —de los muchos que iniciaron— que finalmente siguieron, y siguen, en el quehacer literario cada día sábado a las nueve.

Cada uno de ellos, cada una de ellas, con su propia historia, su pers­pectiva del vivir, las emociones que los acompañan, los recuerdos que no los dejan; han ido tejiendo, semana tras semana, a golpe de lectura y disciplina, un acercamiento a la creación literaria. De esta manera se han empezado a buscar a sí mismos —espejo siempre las letras, escritas por otros, por nosotros— y no han cerrado los ojos, ni el bolígrafo han dejado inmóvil, ante lo encontrado.

Así las cosas, leímos mucho y escribimos quizá menos, casi al mismo tiempo; porque ya se sabe que sin lector, no hay escritor. Y hemos agradecido, una y otra vez, que el Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, haya puesto a nuestro alcance, en El Mante, la oportunidad de acercarnos al ejercicio formal de este mundo único y apasionante como es la escritura.

Hemos aprendido, entre muchas otras cosas, —instructor incluido—que la palabra es sagrada y que el lenguaje no es un basurero.

Carlos Acosta

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