Rumor de humo y ceniza

Dedicatoria A un país de escombros. A una frontera de espejos rotos. A una geografía mutilada a mitad del desierto. A los corazones blandos en la boca de los [soldados del infierno. A los cazadores de sueños. A los misioneros del miedo. Al honor a media asta. A un desfile de banderas rotas. A un viacrucis que no acaba. A esa ciudad que es una casa inconclusa [que se incendia....

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Sesenta vueltas al Sol Carlos Acosta / Reynosa

Ha llegado la fecha. La vida o la muerte no opinaron lo contrario. Hoy cumplo sesenta años. Lo escribo con asombro real y no puedo evitar mirarme a los veintiuno en el cuarto de azotea del edificio de la calle Pitágoras, en medio de aquel universo de luces que a las once de la noche me parecía, desde la ventana, la Ciudad de México, pensado en que no iba a llegar más allá de los cuarenta. No es un artilugio...

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El libro del mes
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El zarzo de los pemoles - Nuevo Siglo

 

Este libro, pan de esperanza pasado por el horno, está hecho del maíz amasado con el diálogo de aquel que se sabe a la deriva, al arbitrio impredecible del fonema; he abierto el postigo de la noche, a fin de mirar cómo entra el alba en la tierra y descubrir el génesis continuo que es la vida.

Nos habla Carlos de un pan simple, dulce, frágil; donde el hombre es el pan mismo, conformado por naturaleza-tierra­universo-hombre, círculo que sin una de sus partes sería incompleto reducido a nada; Carlos Acosta elige entregarnos en estas hojas el corazón desmoronado, disperso en cada frase que le dicta su alma, y la certidumbre de saberse a merced de las horas en que, absorto, mira lo que es y lo que somos.

Si al tener ante tus ojos estos versos, te sientes quebradizo, vulnerable, y con cierto cosquilleo de dulzura estremeciéndote, no habrá más remedio que declares: soy un Pemol, no lo niego, y mi cuerpo fue formado de maíz y de oraciones, mi origen es común al tuyo y a la primera mordida me desmorono, cada parte de mí nombra un adiós y una esperanza; a donde quiera que voy me sigue, el terrible signo de andar/ a la deriva/ con la gracia imperfecta de estar vivo/ y la sutil consigna de la muerte, con el rumor de otoño golpeando mi silencio y la amargura de mi sino que sólo es conjurada por abrazos.

Ausencio Martínez Lucio

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