Aquí el lector sabrá qué va a encontrar, por qué importa y en manos de quién decide conar. Encontrará una cartografía culinaria que no se conforma con nombrar, explica procedencias, tiempos, técnicas y contextos, y devuelve espesor histórico a aquello que en los resúmenes turísticos suele aparecer como anécdota. Importa porque la cocina —cuando se entiende bien— es infraestructura de lo común, sostiene economías domésticas, inventa soluciones frente a la escasez, disciplina el gusto sin domesticar la memoria, y recuerda que la mesa es la primera institución democrática. ¿Y en manos de quién? En las de Francisco Ramos Aguirre, escritor que escucha antes de describir, que contrasta antes de adjetivar y que escribe con la decencia de no robarle al territorio lo que el territorio ya dijo con su propia boca. La ruta que propone Francisco no es un desle, es método en movimiento. Frontera, altiplano, serranía y litoral aparecen como formas de organización del gusto.
La fajita y el carbón de mezquite narran la invención urbana sin despegarse del asador. La jaiba y el lete al piquín enseñan que una pizca bien administrada corrige cualquier exceso. El cabrito —al pastor, en su sangre o al horno— sostiene una ética del punto justo que no admite atajos. El tamal se ana o se ensancha según el habla local, porque el maíz entiende mejor que nadie a su gente. No hay postales, hay prácticas; no hay mitologías vacías, hay ocios con reloj propio.
Calle Guerrero entre Emiliano P. Nafarrete
y Gaspar de la Garza N° 421, Zona Centro
Ciudad Victoria, Tamaulipas, México, C.P. 87000
(834) 315 2977
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