Rumor de humo y ceniza Marcos Rodríguez Leija / Nuevo LaredoMarcos Rodríguez Leija / Nuevo Laredo

Dedicatoria A un país de escombros. A una frontera de espejos rotos. A una geografía mutilada a mitad del desierto. A los corazones blandos en la boca de los [soldados del infierno. A los cazadores de sueños. A los misioneros del miedo. Al honor a media asta. A un desfile de banderas rotas. A un viacrucis que no acaba. A esa ciudad que es una casa inconclusa [que se incendia....

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Sesenta vueltas al Sol Carlos Acosta / Antiguo Morelos

Ha llegado la fecha. La vida o la muerte no opinaron lo contrario. Hoy cumplo sesenta años. Lo escribo con asombro real y no puedo evitar mirarme a los veintiuno en el cuarto de azotea del edificio de la calle Pitágoras, en medio de aquel universo de luces que a las once de la noche me parecía, desde la ventana, la Ciudad de México, pensado en que no iba a llegar más allá de los cuarenta. No es un artilugio...

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Jacobo Mina

Egresado de la escuela de escritores de la SOGEM, en el año 2000 ganó el Premio nacional de poesía “Juegos Florales Toluca” y el Premio Nacional de Literatura y Artes Gráficas “Búho” en poesía, es mismo año fue becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas. Obtuvo mención honorífica extraordinaria en el “V Concurso Binacional de Poesía Pellicer Frost” y mención honorífica en el Premio Nacional de Poesía “Ignacio M. Altamirano 2006”. Cofundador de la revista literaria “Los Cuadernos del Canguro Bolsón” y compilador del libro “Palabras desde Adentro” y “Palabras desde Adentro 2” editado por el municipio de Nuevo Laredo. Coordinador editorial de la revista cultural “Mina de Palabras”.

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Jacobo Mina Cano, me recuerda en gran medida a los poetas malditos, porque como en ellos su genialidad se esconde en lo cotidiano, lo mundano, lo soterrado, es como Édouard Joachin Cortière, simbolista, un ser underground; Cortière muere de tuberculosis, mi cuate muere también por otra culosis, mal que lo define y lo acrecenta. La ciudad de México lo pierde y se va de esta urbe centralista, metropolitana, de este ombligo de la luna. Y nos deja con una ausencia, un vacío, que de lugar común sigue siendo inllenable.

El poeta siempre sigue a sus amores imposibles. La aventura le guiño el ojo, la siguió sin darse cuenta que era una tuerta y así huyó de una ciudad que lo define, lo sustenta y lo arropa. Sin él, se acabaron los cobros en abonos, a las sacrosantas trabajadoras de los callejones de Manzanares o San Pablo en la “meche”. No más correrías entre ratas del tamaño de gatos, no más cacerías siendo dos Sanchos en busca de un Quijote.

 

Moisés Heriberto Cortés Cruz

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