Rumor de humo y ceniza Marcos Rodríguez Leija / Nuevo LaredoMarcos Rodríguez Leija / Nuevo Laredo

Dedicatoria A un país de escombros. A una frontera de espejos rotos. A una geografía mutilada a mitad del desierto. A los corazones blandos en la boca de los [soldados del infierno. A los cazadores de sueños. A los misioneros del miedo. Al honor a media asta. A un desfile de banderas rotas. A un viacrucis que no acaba. A esa ciudad que es una casa inconclusa [que se incendia....

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Sesenta vueltas al Sol Carlos Acosta / Antiguo Morelos

Ha llegado la fecha. La vida o la muerte no opinaron lo contrario. Hoy cumplo sesenta años. Lo escribo con asombro real y no puedo evitar mirarme a los veintiuno en el cuarto de azotea del edificio de la calle Pitágoras, en medio de aquel universo de luces que a las once de la noche me parecía, desde la ventana, la Ciudad de México, pensado en que no iba a llegar más allá de los cuarenta. No es un artilugio...

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Sábado a las nueve. Diplomado en preceptiva literaria II - Árbol de luz

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Carlos Acosta

Originario de Antiguo Morelos. Actualmente vive en Ciudad Mante. Integrante de la Peña Literaria Carlos R. Fantini. Fundador de Grupo Colectivo3 Somos la memoria que tenemos, quienes publican un Suplemento Cultural en el periódico El Eco del Mante desde agosto de 2002. Publicaciones: Textos Primerizos (1992); Sucede a Diario (1996); El Suburbio de los Sueños (1997); Celeste -cuento- (1998); Escarbar (1999); Espiral de Luz (2003); Campanas en la Niebla (2004); El hombre de los Abrazos (2005); Marotas (2006); En Memoria de estos años (2007); Entrañables (2008); Décimas (2011).

Diana Ketzaly, estudiante de doce años de edad; Maryan Manrique, quien cursa sexto semestre de preparatoria; Rosa María Martínez Macías, pintora y escritora; María Antonieta Villalón, licenciada en Literatura Española; Lucio Martínez Rentería, administrativo pensio­nado; Florián López Guerrero, reconocido muralista y Juan Mata González, maestro en yoga. Fueron los siete integrantes —de los muchos que iniciaron— que finalmente siguieron, y siguen, en el quehacer literario cada día sábado a las nueve.

Cada uno de ellos, cada una de ellas, con su propia historia, su pers­pectiva del vivir, las emociones que los acompañan, los recuerdos que no los dejan; han ido tejiendo, semana tras semana, a golpe de lectura y disciplina, un acercamiento a la creación literaria. De esta manera se han empezado a buscar a sí mismos —espejo siempre las letras, escritas por otros, por nosotros— y no han cerrado los ojos, ni el bolígrafo han dejado inmóvil, ante lo encontrado.

Así las cosas, leímos mucho y escribimos quizá menos, casi al mismo tiempo; porque ya se sabe que sin lector, no hay escritor. Y hemos agradecido, una y otra vez, que el Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, haya puesto a nuestro alcance, en El Mante, la oportunidad de acercarnos al ejercicio formal de este mundo único y apasionante como es la escritura.

Hemos aprendido, entre muchas otras cosas, —instructor incluido—que la palabra es sagrada y que el lenguaje no es un basurero.

Carlos Acosta

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