Rumor de humo y ceniza Marcos Rodríguez Leija / Nuevo LaredoMarcos Rodríguez Leija / Nuevo Laredo

Dedicatoria A un país de escombros. A una frontera de espejos rotos. A una geografía mutilada a mitad del desierto. A los corazones blandos en la boca de los [soldados del infierno. A los cazadores de sueños. A los misioneros del miedo. Al honor a media asta. A un desfile de banderas rotas. A un viacrucis que no acaba. A esa ciudad que es una casa inconclusa [que se incendia....

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Sesenta vueltas al Sol Carlos Acosta / Antiguo Morelos

Ha llegado la fecha. La vida o la muerte no opinaron lo contrario. Hoy cumplo sesenta años. Lo escribo con asombro real y no puedo evitar mirarme a los veintiuno en el cuarto de azotea del edificio de la calle Pitágoras, en medio de aquel universo de luces que a las once de la noche me parecía, desde la ventana, la Ciudad de México, pensado en que no iba a llegar más allá de los cuarenta. No es un artilugio...

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Las ventanas de Altaír - Nuevo Siglo

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Altaír Tejeda de Tamez

Originaria de Ciudad Victoria, Capital de Tamaulipas, es maestra de Lengua y Literatura Españolas. Ha desempeñando importantes cargos públicos conectados siempre con el quehacer cultural. Es la escritora más representativa de las letras tamaulipecas; su labor literaria arranca en una época de escasa y pobre producción en el estado. Destaca por su calidad y por ser una autora completa que domina variados géneros: poesía, narrativa, dramaturgia y ensayo. Premiada a nivel nacional y estatal, designada en 1989. Creadora Emérita de Tamaulipas, reconocimiento que otorga el Fondo para la Cultura y las Artes de Tamaulipas a sus artistas más notables, tiene en su haber una larga lista de reconocimientos entre los que destaca el Premio Nacional de Teatro que le fue otorgado en 1959. Ha sido antologada varias veces.  

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Si la limpieza, la corrección y la elegancia fueran en nuestro revuelto mundo atributos de la estética, bien nos servirían para calificar la obra de Altaír Tejeda de Tamez, y ubicarla entre las más sobresalientes de la región norestense. Pero al margen de posibles atributos artísticos, lo que fascina de su lenguaje, es la sutil ironía con que nos refiere la idiosincrasia, el espacio y la atmósfera de ese mundo visto por una eterna y sorprendida jovencita, cuya voz, al suspender el transcurso del tiempo para fijarlo en la página, en lugar de congelarlo, le da vida, otorgándole mediante la ficción, la verdad que la experiencia cotidiana veda impelida por la fugacidad.

Polígrafo como su querido y admirado Alfonso Reyes, ejerce con y sobre los géneros un oficio, que emparentado con la magia nos regala, mediante el silencio de la lectura o el barullo de la escena, la íntima corriente que comunica la identidad entre la aventura de la libertad personal, en contraste con las determinaciones sociales que impone la cultura.

 

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