En 1985, Rockdrigo ya era un rockero viejo (los Beatles se separaron antes de los 30 y no se sabía aún cuánto más rodarían los Stones). Sin embargo, a partir del 19 de septiembre nos quedó la sensación de que empezaba. Y prometía. Casi diez años antes, Rodrigo González había llegado al Distrito Federal: su padre le había dado quinientos pesos y la instrucción de no volver hasta que fuera hombre. Era un castigo por haber abandonado los estudios de Psicología en la Universidad Veracruzana, pero él lo tomó como una oportunidad para probar suerte como compositor en la capital.
Al joven Rodrigo le tocó entonces lo que a casi todos los artistas migrantes. Alquiló cuartos; tocó en las calles; actuó en fiestas para ganarse la vida; entró a concursos y perdió; se emborrachó; lo asaltaron; insistió en cantar sus propias canciones; formó un dueto; entró en crisis existenciales; fue a buscarse y encontrarse; tuvo una revelación; grabó un cassette con sus propios recursos; aprovechó cuanta oportunidad surgió para presentarse con su repertorio; conoció a otros jóvenes que pensaban y escribían como él; fue descubierto por alguien; lo invitaron a tocar en el Wendy’s Pub –donde tocaba Javier Bátiz-; todo aquel que lo escuchó quedó asombrado (José Agustín, por ejemplo): surgió Rockdrigo.
Calle Guerrero entre Emiliano P. Nafarrete
y Gaspar de la Garza N° 421, Zona Centro
Ciudad Victoria, Tamaulipas, México, C.P. 87000
(834) 315 2977
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