Rumor de humo y ceniza

Dedicatoria A un país de escombros. A una frontera de espejos rotos. A una geografía mutilada a mitad del desierto. A los corazones blandos en la boca de los [soldados del infierno. A los cazadores de sueños. A los misioneros del miedo. Al honor a media asta. A un desfile de banderas rotas. A un viacrucis que no acaba. A esa ciudad que es una casa inconclusa [que se incendia....

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Sesenta vueltas al Sol Carlos Acosta / Reynosa

Ha llegado la fecha. La vida o la muerte no opinaron lo contrario. Hoy cumplo sesenta años. Lo escribo con asombro real y no puedo evitar mirarme a los veintiuno en el cuarto de azotea del edificio de la calle Pitágoras, en medio de aquel universo de luces que a las once de la noche me parecía, desde la ventana, la Ciudad de México, pensado en que no iba a llegar más allá de los cuarenta. No es un artilugio...

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Del viejo río - Agua Firme

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Carlos Acosta

Originario de Antiguo Morelos. Actualmente vive en Ciudad Mante. Integrante de la Peña Literaria Carlos R. Fantini. Fundador de Grupo Colectivo3 Somos la memoria que tenemos, quienes publican un Suplemento Cultural en el periódico El Eco del Mante desde agosto de 2002. Publicaciones: Textos Primerizos (1992); Sucede a Diario (1996); El Suburbio de los Sueños (1997); Celeste -cuento- (1998); Escarbar (1999); Espiral de Luz (2003); Campanas en la Niebla (2004); El hombre de los Abrazos (2005); Marotas (2006); En Memoria de estos años (2007); Entrañables (2008); Décimas (2011).

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Primer premio estatal de literatura para el adulto mayor 2011. Memoria.

Como asidero de vida, está aquí la memoria de Juan Jesús Aguilar para dar sentido y forma al personaje bosquejado desde las cristalinas aguas de su espejo. El autor pergeña desde su cripta memorial, la cuenta de los hechos y el cuento de los días en que le cobijan rostros familiares, amistades y maestros de la palabra. Un arte de recuerdos que se traslapan para descubrir que en Juan Jesús, el amor y la memoria son sustancias unívocas que recorre el cauce de sus venas y se desborda en aquello que más ama y que mejor sabe hacer en la vida: escribir. “No es fácil sentarse a escribir sobre uno mismo”, reitera Juan Jesús Aguilar León. Pero después de la Tercera Edad (D de la TE), el autor es ya un vasto río y en esta evocación narrativa da cuenta de las grandes aguas del tiempo que engrandecieron su caudal, consagrados literatos que de carne y hueso y de tinta han crecido en sus letras. Hay amigos y conocidos, pero sobre todo habitan en estas memorias la familia, los hermanos y hermanas que fueron y son y que pudieron ser, pero en especial viven en su recuerdo la esencia de los padres. Fue en el escenario porteño de un Tampico cosmopolita, a la mitad de la cuarta década del siglo XX, donde Don Rafael Aguilar Muñoz y Doña Isabel León Ponce, zanjaron con su ejemplo paternal, para verter amorosamente el cauce de arroyuelo de Juan Jesús. Consciente de que la tenacidad de la memoria D de la TE es el mejor valor para continuar creando textos, siempre en solitario, estas memorias Del viejo río contienen la mixtura de géneros que confluyen naturalmente en su caudal y que sin saberlo de cierto, a su paso por nuestra tierra en este tiempo y espacio, ha dado vida a nuevos ramales literarios que hoy se alimentan de su poesía, ensayo,  narrativa, estudios históricos, crónica urbana, musicología y periodismo. Río abajo sus aguas no se disminuyen, desbordado en ciertos momentos de su ruta histórica, Del viejo río podemos confiar en su promesa de que el trayecto hacia su desembocadura natural donde nos mezclaremos en la mar de la nada, durará los 36 mil quinientos días inexorables que tiene toda historia épica dentro de la literatura. Y pude haber dicho 100 años, pero así suena menos trillado.

Ulises Brito Aguilar

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